GENERAL CABRERA: Después de un velatorio nunca más volvió a tomar mates.

Cabrera 27 de junio de 2021 Por Gerardo "Tito" Bessone
Corría más o menos el año 1965; en General Cabrera para los niños ir a los velatorios era obligatorio sin importar el grado de parentesco con el difunto
281

Siempre me relacionan con las historias que tienen que ver con los cementerios, y con los velatorios; desde que escribía la página “Misterios de Contratapa” en la desaparecida Revista de papel “Región del Maní” y los lectores de manera permanente me nutren de nuevas historias.

Como es habitual reservamos el nombre de los protagonistas para evitar comentarios que no le aportarían nada a la historia en sí; una mujer de unos 60 años nos contó, guardando distancia para cuidarnos del virus,  esta historia que tiene que ver con los traumas que con los misterios.

Corría más o menos el año 1965; en General Cabrera para los niños ir a los velatorios era obligatorio sin importar el grado de parentesco con el difunto; a veces era pariente de los parientes de los parientes.

Como el padre de la mujer que nos contó la historia debía cumplir con su trabajo enfilaron para el velatorio en la madrugada; la protagonista recuerda que el mismo se realizaba en una casa de familia en un sector poco poblado en las inmediaciones de nuestra Ciudad, por aquel entonces pueblo, recuerda el ruido de los molinos de viento que rechinaban y desandar las cuadras a pie  era toda una aventura ya que había unas pocas luces en algunas esquina, de esas luces que parecían tener un plato enlozado arriba.

Llegaron a pie al velatorio ya que no tenían vehículo en esa madrugada de invierno y llovizna; como la casa del finadito era chica se montó una carpa con lonas de camión, de las viejas que eran de tela, pero la improvisada sala velatoria no era hermética, el viento se colaba por varias rendijas mientras el aire sacudía las paredes sujetas por sogas.

La escena se completaba con los participantes sentados en sillas en semicírculo cerca del cajón; en el centro un brasero, una pava y una rueda de mate.

Como no podía ser de otra manera la desdichada viuda recibía el mate; pero el detalle que acomplejó a nuestra amiga era que entre mate y mate la esposa del difunto tocaba y hasta besaba el cadáver del hombre joven padre de varios hijos ; y los microbios del cuerpo en descomposición pasaban seguramente a la ronda de mate.

Nuestra amiga nunca más tomó mates en su vida y cada vez que mira una bombilla recuerda con asco aquel velatorio; sólo de adolescente se animó a confesarle a su mamá porque no tomaba mates.

Tal vez el asco de esa mujer es sólo fruto de un trauma de los que todos tenemos algunos… Pero usted no le siente olor nauseabundo a la bombilla del mate que está ´por saborear.

 

 

Te puede interesar