ELENA : Les robaban y escondían las mujeres de los gauchos.

Esta reseña histórica en torno a la Capilla Tegua y a la mala convivencia entre los lugareños es donde nos topamos en nuestra investigación sobre la salamanca o la cueva ubicada en las inmediaciones de la Capilla
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La Capilla Tegua luce restaurada desde hace unos años; usted que estuvo allí después de la reinauguración cierre los ojos e imagínela así de blanca y pulcra pero antes de año 1700, nos  encontramos cercanos  al Camino de los Chilenos que unía Córdoba con Cuyo y, aproximadamente, a dos leguas y media al norte de la Posta de Tegua a orillas del arroyo del mismo nombre. Era la sede  del más sureño de los curatos cordobeses surgió, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, a fines de la primera mitad del siglo XVIII. Verdadera punta de lanza en la evangelización de esos territorios.

Ahora imagine usted el entorno; el gaucho, descendiente de los primeros inmigrantes españoles y los aborígenes formaban malones que defendían su territorio; la convivencia con los recién llegados a la zona del “Tegua” no era buena y las luchas de unos y otros por sobrevivir eran incesantes; la nueva Capilla era símbolo de un progreso que a los originarios no les caía para nada bien, sólo unos pocos aprendían el idioma español y se aferraban a la Religión Católica.

Dentro de los pueblos originarios, el paulatino agotamiento del ganado cimarrón dio comienzo a la transformación de la actividad cazadora en actividad depredadora, comenzó así la época de los “malones”. El pueblo ranquel fue uno de los más activos en ese sentido.

El historiador de Villa María Luciano Pereyra describe este fenómeno como  un ataque sorpresivo de un centenar de jinetes ranqueles como mínimo, la carga de estos lanceros a caballo se basaba en el enfrentamiento a corta distancia, tratando de destruir todo lo que se oponía y su objetivo final era el arreo de todas las cabezas de ganado posibles y la toma de cautivos ; principalmente mujeres y niños. No sólo los ranqueles llevaban cautivos blancos, los descendientes de españoles también solían llevar cautivos.

Esta reseña histórica en torno a la Capilla Tegua y a la mala convivencia entre los lugareños es donde nos topamos en nuestra investigación sobre la salamanca o la cueva ubicada en las inmediaciones de la Capilla, cuya ubicación exacta aún es parte de nuestro misterio.

Según el relato oral, transmitido de generación en generación por parte de los habitantes de la zona; los ranqueles quedaban cautivados por la belleza de las mujeres criollas, sus largos vestidos, sus corpiños que hacían imaginar un busto más prominente y la blancura de sus rostros las hacían objeto del deseo. Cuando los malones atacaban los ranchos de adobe para llevarse el ganado vacuno y las ovejas solían llevar también las esposas jóvenes o las hijas de los gauchos; la famosa cueva en las sierras era el lugar donde escondían las mujeres.

La historia contada por quienes perseguían al aborigen pretende hacernos creer que ellos eran los malos de la película y relacionan estos raptos de mujeres blancas con abusos y sometimiento, sin embargo muchas historias hablan de mujeres blancas que terminaban terriblemente enamoradas de los ranqueles y de hijos que en común que terminaban abrazando la cultura nativa mezclada con la Fe Católica de sus madres… Pero ese será tema para los historiadores.

Seguramente la cueva del diablo donde los aborígenes escondían mujeres criollas sea sólo un mito,…  pero usted no escuchó un ruido extraño al pasar en su bicicleta Venzo por el lugar.

 

Redacción Región Del Maní

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Director, Gerardo Daniel Bessone

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