CORONEL MOLDES : Historias de vida… Creía que su padre había muerto, pero después de 28 años lo encontró

Más Noticias 17 de agosto de 2021 Por Redacción Región Del Maní
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Fotos: Puntal.

Redacción de la noticia y Fotos: Puntal.

Diego Armando Pérez vive en Villa María y desde chico buscó a su progenitor, pero le dijeron que había fallecido. Hace poco menos de 2 meses se enteró de que estaba vivo y residía en el asilo de Moldes. Allí fue el reencuentro.

Diego Armando Pérez pudo -después de 28 años- abrazar a su papá, a quien creía fallecido, según le había contado una abuela.

En plena pandemia, la historia de este joven oriundo de Tío Pujio y radicado en Villa María tuvo un giro inesperado: enterarse de que su padre estaba vivo y que residía en el sur cordobés.

Más precisamente en Coronel Moldes, en el Hogar de Ancianos “San Juan Evangelista”, es donde vive su padre, Armando Andrés Pérez, desde hace algunos años.

El hombre, hoy en sillas de ruedas tras perder las piernas por la diabetes, sabía de la existencia de su hijo, pero tampoco tenía información de su paradero. Cuestiones de la vida los desencontraron.

Fue a instancias de un primo que hasta hace poco más de dos meses Diego no conocía, como se logró el reencuentro. Apelando a las redes sociales y con escasos datos sobre la historia familiar comenzó la búsqueda. Un apellido, un pueblo y un nombre eran las referencias.

“¿Sos mi hijo?”, fue la pregunta que Armando padre le hizo a Diego, hoy un hombre de 28 años que llegó acompañado de su mujer Aldana, y sus dos hijas, Agustina (10 años) y Julieta, de 9 meses, al Hogar de Ancianos de Moldes.

No hubo tiempo a una respuesta, y fueron el llanto y la emoción que se apoderaron de Armando y de Diego que por primera vez se veían a los ojos y se reconocían en algún rasgo del rostro del otro.

Alrededor, enfermeras y asistentes que celebraban y compartían tan cálido momento.

En medio, Walter Pérez, el primo de San Basilio que era el único visitante de Armando al asilo de Moldes, y que tras largas charlas logró conseguir información de dónde podría estar su hijo. Y ofició de “intermediario” junto a otro joven de Tío Pujio para tal reencuentro.

En diálogo con Puntal, los protagonistas de esta historia aún se siguen emocionando al recordar ese primer encuentro. Y más aún Diego Armando, el hijo, que dice que por primera vez el pasado 4 de agosto, el día de su cumpleaños, recibió el saludo de su papá.

Aunque las visitas y los encuentros no son permanentes debido a la pandemia y también por la distancia que separa a Villa María de Coronel Moldes, son el teléfono, las videollamadas o mensajes de whatsapp los que están reconstruyendo lazos emocionales, familiares, y redactando una nueva historia entre padre e hijo.

Diego Armando vivió siempre con su mamá en Tío Pujio. Es el mayor de 8 hermanos. Durante su adolescencia tuvo curiosidad por saber de su papá, y emprendió la búsqueda acompañado por un tío. “A los 15 años empecé a preguntar por mi papá. Mi mamá me comentó que no sabía dónde podía estar mi viejo. Con un tío, hermano de mi mamá, viajamos mucho para el lado de las sierras y él me ofreció darme una mano para buscarlo”.

El joven sabía que su padre hacía tareas rurales, pero desconocía su paradero. Algunos datos referían que podía estar por Río Segundo, Río Tercero o Río Cuarto. Pero por años las búsquedas fueron infructuosas. Una última información mencionaba que el padre podría estar en Buenos Aires, donde tendría familiares.

A los 15 años comencé a preguntar por mi papá. Pero me dijeron que había fallecido. Hace un mes y medio me enteré de que vivía en el asilo de Coronel Moldes. El 4 de agosto fue mi cumpleaños, y fue la primera vez en 28 años que recibí el saludo de mi papá. “Yo estaba decidido a viajar, pero unos 15 a 20 días antes vino mi abuela materna, y me dijo que mi papá había fallecido”.

Y Diego sintió que todas sus esperanzas de conocer a su progenitor se desvanecían. Y parecía que la historia hasta allí llegaba.

Pero en medio de la pandemia ocurrió lo inesperado. Diego recibió el llamado de un amigo de Tío Pujio, quien le informaba que lo andaban buscando.

Y aquí se suma el invalorable gesto de Walter Pérez, quien resultó ser un primo y que desde San Basilio inició la búsqueda. A través de Facebook trató de dar con Diego Armando, de Tío Pujio.

“Empecé a buscar, y dí con Nacho Pérez en Tío Pujio. A él le pregunté si conocía a Diego Armando. En ese momento me dijo que le parecía que sí, que le diera un ratito y me respondía.Y enseguida me lo confirmó”, agrega Walter, quien fue uno de los intermediarios.

Mientras tanto, Diego Armando, en Villa María, recibía la novedad de que había un familiar que lo buscaba.

Algo descreído de la información, pidió hablar conWalter, hasta ese momento un primo desconocido. “Yo no me hacía muchas ilusiones porque creía que mi viejo estaba muerto. Aparte me preguntaba por qué ahora me buscaban. Le dije a mi amigo Nacho que me pasara el teléfono y así fue como me contacté con Walter. Le hice unas preguntas, si conocía a mi mamá o a algún familiar, y ahí me dijo que sí. Yo le respondo que mi papá estaba muerto, y me dice que no, que estaba vivo y bien. Y que me quería conocer”.

“Ese día fue como un baldazo de agua fría”, admite Diego, quien pidió a su recién conocido primo que le diera un tiempo para pensar si quería viajar para conocer a su padre. “Hablé con mi señora y me dijo que lo que decidiera estaba bien, que me apoyaba en todo”. No pasaron más de 20 días que Diego se animó y avisó a su primo que viajaría a Moldes. “Fui primero a San Basilio a conocer a Walter y con él viajamos a Moldes, al asilo”.

Debido a las medidas protocolares impuestas por la pandemia, se debió pedir permiso para el ingreso.

Y llegó el día. En Moldes, Armando (padre) sabía que habían encontrado a su hijo, pero desconocía que lo iba a ir a visitar.

“Entraron mi primo y su esposa y se sentaron a charlar. Yo me acuerdo que estaba en la puerta del asilo, me estaban tomando la temperatura y sanitizando. Hasta que pude acercarme a la mesa. Yo ya estaba llorando. Cuando llegué le dijeron ‘Acá está el regalo que iba a llegar algún día’. Mi papá me miró y me dijo ‘¿sos mi hijo?’, y nos abrazamos y lloramos. Todos ahí lloraban”, recuerda Diego con emoción.

Y agrega: “Es algo hermoso. Después de 28 años pude conocer a mi viejo y mis nenas ahora tienen a su abuelo. Unos años atrás pensaba distinto. Decía que no quería saber nada de él. Pero encontrarlo fue lo mejor que me pasó. Me hubiese gustado tenerlo de chico, pero bueno, doy gracias a Dios de tenerlo y lo disfruto. Ahora nos hablamos a diario”.

También para Armando fue un momento único, porque de pronto recuperó a su hijo y se convirtió en abuelo de dos hermosas nietas, y el suegro de Aldana.

“Fue hermoso, la verdad”, dice el hombre que reside en el asilo de Moldes. Asume que cuestiones del destino y la vida lo desencontraron con su hijo. Pero siempre lo recordó.

Ahora padre e hijo alimentan a diario la y procuran recuperar el tiempo perdido y disfrutar de cada momento.

Redacción Región Del Maní

Región del Maní; sitio web de Noticias redactado desde la Ciudad de General Cabrera.
Director, Gerardo Daniel Bessone

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